4 estrategias para no tomar nada personal

 

Las relaciones que tenemos son un reflejo de nosotros mismos. Somos seres sociales que mayormente interactuamos con personas en una escala que va desde la intimidad con quienes convivimos hasta las personas desconocidas en la calle.

 

Imagínate que una persona a quien no conoces te mira y te llama estúpido. ¿Cómo te sentirías? Probablemente no darás mayor importancia y tendrás una emoción sorpresiva o de confusión;  tendrías que tener una autoestima bastante inestable para pensar “¿cómo sabe que soy estúpido?". Ahora, imagínate que alguien cercano a ti (tu jefe, tu amigo, tu pareja, tu padre) te diga en tu cara “estúpido”; de seguro la emoción que experimentarás sería más intensa que en la primera situación. Mientras más importante sea el nexo para ti, la sensación de molestia o ira del momento puede conllevar posteriormente a un sentimiento de humillación, tristeza, odio o rencor. 

 

El meollo del asunto radica en la necesidad que nosotros mismos creamos al depender de otras personas de manera emocional, social, financiera o de cualquier índole. En otras palabras, el problema se inicia cuando damos la responsabilidad de nuestra paz y felicidad a otros, ya que eso nos hace sentir seguros. Cuando nos dan cariño y aprecio nos sentimos contentos y seguros, en cambio cuando alguien con quien mantenemos una relación más próxima muestra una actitud crítica o abusadora frente a nosotros entramos en conflicto, ya que, consciente o inconscientemente, queremos que esa persona siga estando en nuestras vida debido a nuestras propias necesidades. En ocasiones, tratamos de mantener una relación que nos hace daño porque creemos que la necesitamos. Si analizas de cerca dicha situación, lo que verdaderamente verás proyectado es tu relación contigo mismo. En este post, a partir del segundo de Los cuatro acuerdos del doctor Ruiz,  INperfecto  propone 4 estrategias para no tomar nada personal, enfocando el  caso de las  personas con quienes consideramos tener un vínculo significativo en nuestras vidas.

 

1. Deja de entregar tu poder.

Al tomar las cosas de manera personal estas entregando a otros tu poder y responsabilidad sobre lo que sientes y piensas. Lo que piensas de ti mismo no debiese tener influencia externa. ¿Eres bello/inteligente/capaz porque te sientes bello/ inteligente/capaz o porque te dijeron?  Cuando tomamos acciones o comentarios de los demás de forma personal, es un indicativo de que nuestra mente está otorgando su poder a otros.

 

2. Utiliza la empatía.

Una buena táctica es aplicar el antiguo, mas nunca obsoleto, método de ponerse en los zapatos del otro. Intentar comprender qué siente o qué trata de transmitir. Analiza si la persona siempre tiende a criticar, culpar, humillar o si la misma situación que se ha presentado la ha sacado de control. Tal vez sus habilidades sociales son limitadas y siente que la única manera que le presten atención es mediante una actitud desafiante. Quizás es solo un mal día para esa persona y está desahogando su frustración contigo. La clave está en no llegar a conclusiones inmediatas, en ocasiones el señalamiento no va dirigido a nosotros sino a las percepciones de la misma persona hacia ella y en el momento las proyecta hacia nosotros. 

 

3. En espacio entre tú y tus emociones.

Cuando conoces tus zonas sensibles estarás mejor preparado para sobrellevar con éxito interacciones de tipo confrontantes. Antes de contestar o reaccionar, observa tus emociones y mira qué está sucediendo en realidad; es una manera de cuidar tu salud mental, tu propio espacio donde solo entrará lo que tú permitas. Cuando estés listo para enfrentar la situación, la emoción pasará a un segundo plano mientras la otra persona se explique, ofrécele un tiempo para escucharla y luego dialoga tu posición: “Me parece bien, no te había entendido”/”Me parece que estás siendo agresivo”/ “lo que me pides es absurdo”. Observa si la persona que confrontas respeta tu espacio o si es una situación que se repite constantemente. De ser así, toma una decisión de limitar la relación (si es un familiar) o romperla definitivamente, ya que reconoces que la relación te hace daño.

 

4. Confía en ti.

Nuestras relaciones con otras personas son sumamente importantes, pero debemos recordar que la relación más importante que tenemos es con nosotros mismos. Cuanto más sepas de ti mismo, menos atención darás a lo que otros piensen de ti, sea positivo o negativo. Llevarás una vida llena de dicha, abundancia y bienestar cuando te orientes a partir de tus recursos internos, de tu energía interna, de tu conciencia.

 

Hagamos un breve resumen; cuando te tomas las opiniones o acciones de otros personalmente te sientes ofendido, reaccionas a la defensiva de tus creencias y se acciona un conflicto. Entonces, te esfuerzas por tener la razón amparando tus opiniones; en ese momento lo que sientes, pienses o hagas es una proyección de tu propio sueño personal, es decir de tu propia percepción de la vida, un reflejo de tus creencias. No es necesario que otras personas digan lo que eres para que te lo creas. Cuando no tomes nada personal no necesitarás depositar tu confianza en lo que digan o hagan los demás. Cree en ti.

 

 

 

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